Cómo leer entre líneas
¿Y si tu vida ordinaria es realmente extraordinaria?
Hace apenas una semana y media que volví a clases en la facultad, mientras también trabajo, y siento que el tiempo pasa como un cometa fugaz. Es como si el día hubiera perdido horas.
En este corto lapso, recogí la ropa de la lavandería, viajé en metro y en colectivo, me subí por error a un Uber equivocado, probé un latte mal hecho, preparé una pasta con atún que terminé comiendo fría en la oficina (porque, seamos sinceros, nadie debería calentar el atún en el microondas), me deleité con una medialuna, vi cómo brillaba el sol a través del reflejo de mi reloj, tomé un matcha excesivamente caro, comí onigiris, resolví treinta y seis ejercicios de factorización y funciones cuadráticas, debatí sobre estrategias para segmentar el consumo de las carnicerías entre la población joven a través del e-commerce y, al final de todo esto, sigo sin saber muy bien sobre qué escribir.
Y aquí estoy, contándoles que, aunque parezca simple, cada día esconde detalles que merecen ser contados, no para cambiar nada, sino para confirmar que seguimos vivos.



No sé exactamente sobre qué hablar hoy, de la misma manera que no tengo muy claro cómo afrontar esta semana con sus altibajos emocionales. Pero tal vez de eso se trata: de compartir lo cotidiano y de descubrir, entre líneas, qué significa estar vivos.
Leí un artículo que afirmaba que es inaceptable pensar que la vida, por más común y corriente que sea, no debe documentarse.
Escribir sobre la vida que transitamos, documentar nuestro proceso —sea cual sea— es un ejercicio de reconocimiento del presente. Elegir aquellos detalles que parecen pasar desapercibidos y rescatar la belleza en ellos es lo que nos hace humanos.
Observar con atención, escuchar de verdad, permitirnos estar enojados, extrañar, sentir miedo, querer cambiarlo todo o incluso soñar con un rebranding de nuestra vida: cada una de esas emociones es un acto de rebeldía, como pinceladas en un cuadro o notas de un concierto.
No siempre sé si estoy tomando las decisiones correctas. A veces, ni siquiera sé con certeza si estoy yendo en la dirección adecuada. Pero de lo que sí estoy seguro es de que estoy viviendo el presente y, al menos, lo intento.
A veces pienso en la incertidumbre como ese cuadro en blanco que tanto aterra a un artista novato: por un lado, el vacío absoluto; por el otro, la promesa de algo sublime. Sin ese vértigo, no habríamos tenido a un Picasso reinventando formas o a un Sartre desafiando la existencia desde un café en Saint-Germain-des-Prés. Al final, es la incertidumbre la que nos impulsa a arriesgarnos, a crear y, por qué no, a escribir esa siguiente página de nuestra propia historia.
Conozco a mucha gente que está atravesando situaciones desafiantes: en mi país natal, en mi lugar de residencia actual y en cualquier otra parte del mundo. Todos lidiamos con nuestras luchas desde realidades diferentes. Lo que nos une no es si es fácil o difícil enfrentar esos desafíos, sino cómo lo hacemos. Porque esa óptica es lo que, al final, nos define.
Todos atravesamos realidades diferentes y es la forma en que elegimos afrontarlas lo que termina definiéndonos como personas. Hoy decido fijarme en los pequeños detalles y leer entre líneas, porque a veces las respuestas no se leen: se sienten.
Hasta el próximo miércoles.


