Carta a Mariana Valentina
Mi hermana
Belgrano R, 22 de Mayo de 2026,
Mariana,
La última carta que te escribí fue a inicios del año pasado, justo dos años después de haber encontrado tu correspondencia, esa que escribiste en mi corto viaje a Venezuela en el dos mil veintitrés, traspapelada entre la pila de papeles que me había llevado a Canadá y que terminaría encontrando dos años después acá en Buenos Aires, cuando vivía con Giulia.
Me pregunté si había sido tan descarado como para no haberte enviado una carta previa a esa. Me preocupaba el descuido con los papeles, pero aún peor, la culpa de no haberte leído antes y que hubieses quedado esperando mi respuesta por más de veinticuatro meses; tal vez buscando la respuesta de por qué decidí irme de casa a los diecisiete justo cuando vos tenías catorce.
Me parecía antipático pensar que yo, siendo el hermano mayor (como si eso significara algo), no hubiera hecho un contacto previo. Pero, adiviná qué, pensándolo bien y hurgando en mis archivos, sí lo hice. Fue en el dos mil diecinueve, y entonces todo cobra sentido: tu carta del dos mil veintitrés, las cosas que me contaste y las referencias casi espejadas e involuntarias a la novela Como agua para chocolate, que leía entre líneas.
No he parado de pensar en cómo te estará yendo. Y aunque estamos en el dos mil veintiséis y un mensaje en línea bastaría para ponernos al día, la sobredisposición del canal aturde. A mi parecer, el mensaje suele distorsionarse en el ritmo voraz de la rutina y en la falta de sensibilidad para desarrollar temas que nos aproximen. Siento que, por consecuencia, hace bastante ya que no hemos podido dialogar francamente.
El servicio de correspondencia a Venezuela es pésimo y, en la práctica, la distribución domiciliaria es nefasta y está deteriorada. Por eso usaré el canal que construí para drenar mi energía creativa, compartiéndote una carta personalísima de dominio público, para contarte lo mucho que te extraño y poder dejar de ser tan egoísta como para no dedicarte un par de párrafos en mi universo creativo.
En primer lugar, permíteme extender mis congratulaciones por tu licenciatura. Por allá en el 2018, en uno de los viajes que hice a San Cristóbal antes de pensar en migrar a la Argentina, o siquiera pensar en haber ido a Santiago con Global Students, conocí la sede de la Universidad Católica (el Campus de Sabana Larga) bajo la visita guiada de una amiga de mamá, muy cordial, cuyo nombre no recuerdo. En ese momento estaba evaluando mudarme a mi ciudad natal, cosa que evidentemente no sucedió. Caminé por los pasillos muy atento, pasillos que posteriormente vos visitarías durante estos últimos años. En ese viaje supe que no podría quedarme en Venezuela, no por la facultad, sino porque sentía un imperioso deseo de ver algo absurdamente distinto. Sin embargo, me enamoré profundamente del estilo contemporáneo y vanguardista que tiene la Católica, y sí pude imaginarme habitando ese espacio (aunque nunca hablé de eso con nadie); me decía: “ojalá pudiese copiar y pegar esta facultad fuera del país”.
Me enorgullece y me hincha de felicidad saber que quien la disfrutó al final fuiste vos, y que lograste no solo pasar por ahí, sino apropiarte al punto de llamarla ahora alma mater. Hubo hace muchos años un sentimiento ferviente de patriotismo que sentí por crear un país sostenible y galopante ahí. Ahora, ver cómo decidiste hacer patria, formarte y consolidarte como profesional y mujer en esos pasillos, me hace envidiar la cercanía de esa facultad para contigo. Pero me quedo tranquilo de saber que has podido sobrellevar no solo la turbulencia del país más complejo de América, sino que has podido respirar el aire puro de esa ciudad andina y que has saboreado la gastronomía de una ciudad espectacular.
Estos últimos dos años, desde la última vez que te escribí una carta, a la distancia he visto, como un espectador del palco Paraíso del Colón (un teatro que siento que amarías conocer de acá), cómo has explorado los paisajes nacionales haciendo hiking y esas cosas, cómo has dado charlas, recibido reconocimientos e incluso comenzado a pintar.
Cuando hablo de ti digo que estudias negocios, porque siento que, aunque estés graduándote de contadora, tenés alma de liderazgo y de businesswoman. Recuerdo con mucho cariño nuestras noches y tardes en Margarita escuchando a Jack Antonoff cuando era parte de fun., y escuchábamos de inicio a fin Some Nights mientras horneábamos brownies con el mejor cacao del mundo (no es una hipérbole, acoto).
Aunque han pasado casi siete años desde la última vez que vivimos juntos, siento que la vida ha sido bastante justa con ambos, y que la distancia ha consolidado nuestro cariño y amor de una manera en donde hemos aprendido, no tan fácilmente, a abrirnos paso por caminos propios, dejando de lado patrones de lealtad familiar que a veces son un toque estridentes, innecesarios y limitantes.
Se me hace hermoso cómo el tiempo ha pasado de rápido y lo sano que es nuestro vínculo. Ambos nos hemos convertido en lo que siempre quisimos ser: nosotros mismos.
Sé lo importante que es para vos tu graduación, por lo que es muy importante para mí también, así como lo es reconocer tu logro.
A veces me pregunto cómo sería mi vida si hubiese decidido quedarme en Venezuela, pero esa es una realidad que no existe y me fatiga vivir en la nostalgia. Mientras vos hacés patria allá, yo hago patria acá.
Cuando me aburre Buenos Aires, pienso en que aún no has conocido la ciudad y me motiva pensar en todas las cosas que haremos cuando estés de visita. Espero que ahora, después de dejar tu ajustada rutina académica, podamos coincidir con nuestros cronogramas y materializar tu viaje.
Mis asuntos siguen bien por acá. Me da mucha risa que tus notas de voz comienzan con un “¡Repórtate!”, tal cual dice mi madre, y eso me da ternura. Así que acá estoy, reportándome. El invierno está comenzando y te das cuenta: la gente se viste de negro en la ciudad, oscurece muy temprano y te dan ganas de quedarte leyendo y cancelar los planes.
Hace siete meses laburo (o trabajo, como dirías vos) en la marca de productos de tabaco más grande del mundo. Sigo batallando con mi vida académica, porque estudiar y laburar no es fácil, vos lo sabés. Tengo mucha menos paciencia que vos, pero de eso hablaremos luego. Sin embargo, las cosas marchan.
Volví a leer. Durante mayo leí dos libros: Golpe en el museo de Imanol Subiela Salvo, un escritor contemporáneo argentino, y El curioso caso de Mary Mallon de Anthony Bourdain. El primero trata sobre el robo de una colección entera de obras impresionistas durante la dictadura militar argentina en el Museo Nacional de Bellas Artes, acá en Buenos Aires. Es una novela policial muy bien narrada, que me ha sacado de mi bloqueo lector. El segundo libro está escrito por Bourdain, un chef y bon vivant neoyorquino; cuando estaba vivo era muy cool y tiene una frase que me encanta que dice “don’t be a tourist, be a traveler”. Él habla sobre la vida de Mary Mallon, la famosa “María Tifoidea”, y cuenta su biografía desde un lado feminista, ecléctico y empático con los gastronómicos (yo lo fui en su momento). Fue sencilla de leer, pero siento que su obra maestra es Confesiones de un chef.
Estoy trabajando en un proyecto que me está llevando mucho tiempo, adicionalmente al laburo, la facultad y las amistades. Luego hablaremos de eso, no me gusta contar los pollos antes de nacer, vos sabés cómo funciona la cosa.
Sigo tomando mucho café. Giulia me trajo de Uruguay unos granos de Etiopía Yirgacheffe y me preparo el cafecito en la Aeropress por la mañana. No sé si estás familiarizada o tal vez yo me volví un egocéntrico apático snob, pero es como una jeringa enorme que hace café filtrado y solo necesitas agua caliente; o sea, literal, podés hacer café en un avión.
Volví a comprar un termo para mate el año pasado cuando fui a visitar a Valentina a São Paulo, porque te quedaste con el primer termo de mate que compré. Jugué tenis muy poco en los últimos meses y lo hice con la misma raqueta que usaba cuando entrenaba en Margarita, después del Ángel, durante mi último año del bachillerato. Un amigo que se llama Rafael me invitó y después no seguimos, ojalá pueda retomar.
Este año cumplo veinticinco y hasta hace no mucho sentía que me estaba quedando atrás de todo, y ahora siento que estoy a tiempo para hacer todo. ¿No es una locura? A veces pienso que tiene que ver con el desarrollo del lóbulo frontal o algo así. Me despierto todos los días sin alarma a las 07:10 y a veces duermo de más, pero solo a veces. Voy a comprarme un violín y unos bastidores para comenzar a pintar también, cuando viví en Montréal iba a la ruche d’art, mi tía pensaba que era innecesario pero al final le terminó gustando el cuadro que pinté y le regalé para su cumple, qué se yo.
Estoy soltero. En Buenos Aires pareciera complejizarse demasiado salir con flacos, creo que es parte de la gentrificación y el auge de Argentina; como has podido notar, muy distinto al 2019, ahora todo el mundo quiere estar acá. Sin embargo, le estoy quitando importancia a salir con gente y me estoy enfocando en otras cosas, aunque siempre aparece alguna que otra persona que me llama la atención.
El otro día fui a un bar que se llama Legado Piano Bar e hice karaoke con un pianista en vivo. Canté New York, New York de Frank Sinatra, pero antes dije que New York jamás sería Buenos Aires (aunque nunca puse un pie en NYC).
Últimamente estoy visitando seguido Caleidoscopio, que es una librería pequeña que queda sobre la Plaza Castelli, acá en Belgrano R. Siento que el tiempo se paraliza ahí y entre los libros encuentro mucha serenidad. Buenos Aires ha pasado a ser mi casa y siento que es el momento oportuno para que la visites. Voy a preparar el balcón del departamento, comprar unas macetas, un par de plantas que no necesiten regarse mucho (le voy a preguntar a Tomi, mi amigo que conocí en el 2019, el fotógrafo, no sé si te acordás, él sabe mucho de fotografía, rock nacional y plantas) y dos sillas, así podemos tomar el desayuno y el té en el verano del próximo año.
Soy el favorito de Dios y siento que vos también compartís ese legado. Estoy llegando tarde a la casa de Giulia ahora, estamos por comer juntos hoy que es viernes. Giulia cocinará sopa (que es su especialidad) porque hace muchísimo frío. Ah, por cierto, descubrí según estudios que no soy alérgico a los gatos, gracias a Dios, sino a la humedad y el polvo; rarísimo, para mí es falta de agua salada.
Te quiero mucho, te extraño y estoy feliz porque no siento tristeza ni nostalgia, sino felicidad al pensarte. Ojalá puedas conocer acá, siento que te encantaría; sobre todo el helado de dulce de leche, porque cuando papá nos llevaba a la heladería Arcoíris vos siempre pedías arequipe, que es el equivalente al famoso dulce de leche argentino y acá es la especialidad.
Un abrazo y felicidades de vuelta,
Boyer.
P.D.: Adjunto una fotito de nosotros en Margarita, vos sabés que no me gusta Juan Griego pero sus atardeceres sí!



