Buenos Aires no tiene lógica, tiene ritmo
Esta ciudad te atrapa, aunque te saque de quicio
Esta semana estuvo lluvioso y no pude parar de pensar en lo mucho que me gusta esta ciudad. Buenos Aires es un montón.
Hay una dicotomía intrínseca: la amas o la odias. No existe un punto medio. Cuando recién me mudé y metí el pie en una baldosa suelta un día de lluvia en microcentro, arranqué con el pie izquierdo mi relación con la “ciudad de la furia”, sin embargo, estaba empezando una de los vínculos más importantes de mi vida.
Los años han pasado y hoy no sólo amo Buenos Aires sino que se ha convertido en un amor frenético.
Al final, aunque se te inunde el pie en la baldosa, la misma ciudad te va incluyendo y te asigna un lugar. Si pudiese volver el tiempo atrás y darme un consejo sería: sube la cabeza y mira para arriba.
Hablar de Buenos Aires es bastante personal, siempre va a rayar en lo políticamente incorrecto, pero bueno, no será la primera vez.
El prisma con el que se percibe tiene diferentes percepciones ópticas. Hay ciudades más lindas, más grandes, más de esto, más de aquello pero esta, es la mejor.
No vengo a hablar su historia, ni de atracciones turísticas, vengo con la posta, lo que yo leo entre líneas y lo que me hizo enamorarme de ella.
Es difícil de entender pero nadie está conforme, hay una sed de grandeza
El otro día conté, en un tramo de ocho estaciones de subte, a seis personas leyendo un libro mientras iba al trabajo. Que alguien me diga si hay mejor manera de entender un lugar que a través de sus escritores, sus canciones, su café, su arte y su expresión cultural. Buenos Aires respira literatura y en cada rincón hay una librería donde encontrar un clásico usado que resiste al tiempo o, literalmente, la librería más linda del mundo.
Se me olvida, pero estoy caminando las mismas calles que Borges. Acá, leer es un acto cotidiano, apasionado y reflexivo. Y eso me encanta: acá no se lee, se devoran libros. En un mundo dominado por la inmediatez de las redes sociales y el avance de la tecnología, el acceso a los libros sigue siendo un refugio para el pensamiento crítico y, con él, para la democracia.
Es difícil de explicar, pero nadie está conforme; hay una sed de grandeza. Desde afuera, puede ser difícil de ver, pero esa inconformidad es lo que hace a la ciudad ecléctica.
Pocas ciudades tienen la mezcla perfecta de orgullo y queja constante. Acá nadie está del todo satisfecho, pero esa insatisfacción es el motor que la impulsa. Mi mamá diría que estoy siendo demasiado altanero; el porteño no te diría nada, pero asentiría con disimulo y seguiría fumándose un pucho.
La discusión es política, la militancia está en el día a día. La ciudad no se queda quieta porque nosotros no podemos olvidar la historia ni permitirnos que alguien más escriba el futuro si no somos nosotros mismos.
El caos es un idioma que no se estudia, se aprende en la práctica. Es imperceptible, pero en Buenos Aires se pueden vivir varios días en 24 horas. Acá el tiempo es elástico; las horas no se miden con el reloj, sino con las experiencias.
Me gusta que la sobremesa se extienda hasta el infinito, que las heladerías estén abiertas hasta las dos de la mañana, el reflejo de las luces en la calle húmeda después de la lluvia, la calma y el silencio de los domingos a la mañana en Palermo, la acústica del Colón y que la gente te mire a los ojos. Ya sea para juzgarte o para hacerte saber que te notan, pero te miran.
El tiempo acá no es un recurso escaso; es un concepto flexible que se adapta a la intensidad de la vida porteña.
Buenos Aires es así. Una canción de Él Mató a un Policía Motorizado. La playlist que me hizo Joaquina con temas de Spinetta. La inmensidad de los detalles con la que Ernesto Sabato describe este lugar en El túnel. Un cafecito sobre El Salvador en Cuervo. Un bolulác en Saigón, sobre Bolívar, un jueves por la noche. Una inauguración de alguna exposición temporal en el MALBA.
No voy a llegar a una conclusión sobre mi querida Buenos Aires. Pero si hoy, en medio del caos cotidiano de los porteños, puedo seguir escribiendo sobre lo mucho que me gusta estar acá, creo que eso les da una buena idea de cómo me siento al respecto.
Nos vemos el próximo miércoles.






buenos aires és como mi hermana menor, a quien yo baldeo todo el tiempo pero solo yo puedo porque la amo con la vida y la voy a defender de todo
Ese texto es lit como se siente la ciudad de la fúria, no sacaria una solo palabra!!