5 cosas que hice por primera vez esta semana
Una lista que nadie pidió, pero ahora existe
La última semana fue muy intensa, todo el mundo quería hacer algo, todo el mundo atravesó por un proceso decisivo, una noticia sorpresiva, sentí que de cierto modo estábamos todos intentando arreglar algo.
Lo que estaba intentando arreglar, o buscar, en mí caso, esta semana fue honestamente las ganas de estar acá escribiendo. Hoy estoy sentado en mi escritorio, sin ganas y con mi gato durmiendo en mi pierna derecha.
En mi caso, estuve orbitando en la misma dinámica caótica de la semana. Febrero metió treinta días en un abrir y cerrar de ojos. Entre la inscripción a la universidad, retomar las clases, pensar sí es buena idea o no, atrasar algunos proyectos, priorizar otros. No he parado de pensar y siento que el ruido colectivo aturde, sin embargo en medio de todo hice cosas por primera vez que me hicieron conectarme con el presente y me ayudaron a surfear como un campeón la semana.
No esperen del artículo de hoy nada elaborado sólo soy yo recapitulando cosas que hice por primera vez esta semana, una conversación privada, sin pretender nada más que conversar contigo:
Probé el matcha latte frío con frutilla por primera vez
Si tu algoritmo de Instagram se enteró que te gusta el matcha o sabes la diferencia entre el ceremonial y culinario, probablemente sepas de qué te estoy hablando.
Hace dos días hacía un calor extremo y no quería tomar café frío, paré en una cafetería pedí un matcha latte frío y le pedí que me agregarán salsa de frutilla en la base. No sé a quién se le ocurrió esta idea en Japón pero antes de que el matcha sea el nuevo vermouth de vereda en Buenos Aires definitivamente recomiendo probar esto.
Escuché a Lola Young por primera vez
Estuve scrolleando por dos horas en algún momento de la semana y me topé con un edit de Carrie Bradshaw, que tenía Messy de Lola Young de fondo y desde ese día no he escuchado otra cosa.
Me rechazaron un besito en el baile el finde por primera vez
Es así, yo no iba a salir. Pero bueno, hacen treinta y pico grados, es verano y mis amigos llevaban organizando ir a esta fiesta.
Caí a la previa de mi amigo, estaban los de siempre y dos personas más. Uno de ellos era este flaco de Salta, que si partimos del hecho del acento, son diez puntos implícitos para Gryffindor, no sólo era extrañamente atractivo pero me hotteaba el hecho que estaba haciendo una residencia médica en alguna especialidad tecnológica que es imposible de pronunciar.
Fuimos de joda, una cosa va y otra viene. Había onda (según yo), le robé un beso y me apartó con amabilidad diciendo que “estaba en otra”. Yo también estaba en otra, pudo haber sido una linda historia, pero ni yo estaba dispuesto a hacer otra cosa que no sea disfrutar y bailar, al igual que él. Me rebotaron, pero al menos fue mi primera vez y fue esta semana.
Yendo al trabajo por primera vez en años escuché de vuelta el álbum de mi adolescencia
No sé si esto nos pasa solo a los migrantes, pero una vez que llevamos años en otro país, nuestras experiencias pasadas comienzan a sentirse como si pertenecieran a otra vida. Como si fueran otra temporada en la serie de nuestra existencia.
Hay cosas que nunca se cruzan con nuestra vida actual, y en mi caso, sin darme cuenta, una de ellas era este álbum.
No hay un álbum que me sepa de memoria con más precisión que En Primera Fila, de Franco de Vita. Y fue extraño darme cuenta de que llevaba años sin escucharlo. Hace dos días, me puse los auriculares y lo reproduje camino al trabajo. Y de repente, estaba de vuelta en otro tiempo y otro lugar.
Si estás buscando música con alma de domingo por la tarde, o si te gusta Antología de Shakira o algún tema viejito de Juanes, dale una oportunidad.
Cancelé todos los planes y dije que no tenía ganas en vez buscar una excusa, por primera vez
En medio de un mundo donde todo el mundo dice, vamos viendo y nadie sabe decir que no: aprender a decir que no es hasta sexy.
Antes, cancelar planes era un bardo. Había que armar una coartada, algo que sonara creíble pero que no dejara espacio a cuestionamientos. Pero esta semana me di cuenta de algo: nadie cancela planes sin una excusa. Hay como una culpa implícita en decir simplemente "hoy no quiero". Como si la falta de ganas no fuera una razón válida.
Así que lo hice. Cancelé todo sin inventar nada. Solo dije "no tengo ganas" y seguí con mi vida.
No hubo interrogatorio, pero sí intentos de convencerme. Nadie murió, la gente hizo drama igual. Sin embargo, acá estamos. Tal vez, después de todo, cancelar planes sin justificarte es el verdadero lujo adulto y poder pasar más tiempo con tu gato lo compensa.
A veces, no hay una gran reflexión que hacer. A veces, escribir es solo detenerse un momento y notar lo que pasó.
En la cotidianidad también hay valor. En los detalles, en lo inesperado, en lo que hacemos por primera vez sin siquiera pensarlo. Y tú ¿hiciste algo por primera vez esta semana?
Gracias por leerme, nos vemos el próximo miércoles.






Amo la de lola young
De echo una bueníssima musica la de Lola young, y confirmo todo y más un poco de lo que dijiste, nada más libertador que un “no tengo ganas, thnks” you rock my friend, you got it! (Ah y el rechazo del besito, lo perdió super el, xq sos un angél).