10 álbumes para confundir tu algoritmo
Una selección especial que suena diferente aún cuando todo parece sonar igual
El algoritmo sabe qué miramos, qué compramos y a quién le damos like. Pero meterse con la música que escuchamos es cruzar la línea roja.
Hay mucho valor en pensar que la música alguna vez se sintió visceral: sentarse a escuchar un disco entero, dejar que la obra fuera la protagonista y no el acompañamiento para hacer diez cosas a la vez.
Quizás por eso, en un momento en el que todo parece estar diseñado para ser consumido rápidamente, recuperar cierta autenticidad no es solamente un acto de rebeldía. Empieza a sentirse, paradójicamente, como una especie de vanguardia.
En Buenos Aires son las semanas más frías del invierno, y eso significa que cancelar planes para quedarse en casa suena mucho más tentador que salir a pasar frío. Sin embargo, en medio de este encierro, no paro de pensar en lo mucho que me está costando engancharme con cualquier tipo de contenido audiovisual.
Cuando laburas en frente de una computadora estás constantemente expuesto a estímulos visuales, te la pasás frente a millones de píxeles to make a living. Por eso, una vez que termino las cosas del día a día, la idea de estar frente a una pantalla por horas extras en mi tiempo libre se siente más como algo innecesario que como una distracción o una recompensa.
A raíz de esto, en los últimos meses se despertó en mí una necesidad: escuchar música. Cerrar los ojos y sumergirme auditivamente (algo que hoy parece estar infravalorado) descubrir nuevos artistas, detenerme a oír sonidos y explorar nuevos géneros.
Siguiendo mi instinto me dí cuenta de un problema: mi Spotify empezaba a reproducir temas que no lograban captar mi atención en el mejor de los casos y lejos gustarme si quiera. Llegué al punto, inclusive, de bloquear artistas con la misma naturalidad con la que he bloqueado a un par de exes, y me pareció casi absurdo. Incluso descargué Apple Music para intentar refugiarme en una aplicación “un poco menos dominada por la industria del consumo rápido” y las tendencias, pero la verdad es que no termino de adaptarme a la interfaz.
Así que, en una realidad dónde todos foteamos con el celular quiénes fotean con una Roreflex comienzan refinarse y yo, como buen defensor de lo análogo y por el respeto inmenso que le tengo a la música (fui músico durante gran parte de mi adolescencia), empecé a hacer algo que muy probablemente mis padres solían hacer: pedir recomendaciones. Volví a explorar tapas de discos en tiendas físicas y me dediqué a indagar en la búsqueda de artistas cuyas obras le resultan agradables a mi oído. Me puse a investigar con quiénes se relacionan, quiénes son sus productores, cuáles son sus disqueras, comencé a shazamear mucho más en los cafés, los bares, comencé a agudizar el oído colectivo en la rutina, cómo quién busca una mensaje oculto en el día a día.
Lejos de querer que este sea un texto snob o pretencioso sobre música, me tomé el tiempo de recopilar mis descubrimientos de los últimos meses (algunos, a decir verdad, recomendados por el algoritmo; otros descubiertos de forma más pragmática) con el único fin de compartirlos.
Este es un acervo personal de 10 álbumes que no solo me han acompañado en estos meses, sino que han significado un punto de quiebre en mi identidad. Capaz puedan ayudarte a romper no solo tu criterio, sino también el algoritmo de tu plataforma de música favorita.
Es una recomendación fresca, necesaria y llena de texturas. Este EP parece estar diseñado para despertar la esencia, por si la tenés dormida. Es un álbum de jazz contemporaneo los instrumentos de viento son inquietos y tienen una química sofisitciadisima con la percusion. Elevan el lugar donde suene o puede llevarte a un viajecito inmersivo que por ahí le devuelve el brillo a los ojos a alguien que odia su laburo de oficina.
Kokoroko es una banda contemporanea de jazz de londres, son excentricos, juegan con el neo-soul y los african beats. En criollo, este es un EP sabroso para sorprenderse uno mismo o alguien más. Lo robé de una noche loca con un artista con el que me ví un par de veces, quién había estado obsesionado por los ritmos africanos en ese momento, esto sonaba de fondo y no pude parar de pensar en otra cosa por días gracias al EP.
Si el libertinaje, los puchos a medio fumar, ser feo, amar demasiado, llorar en español, salir un martes a horas desconcertadas y bailar en medio de la vereda fueran un álbum, sería este.
Un LP de 30 minutos y 4 segundos de ser latinoamericano, joven y vivir en una ciudad grande. En eso consiste El Malo de Willie: es crudo, urbano y desconcertante.
Todos los días apropiarse de la bendición de haber nacido en el sur es algo que me hincha el pecho. Crecí escuchando salsa. Me corre por las venas: sonaba salsa en la radio, en la sala de casa, en las calles. Pero este, admito, nunca fue mi género predilecto.
Willie hizo que ahora, a la mitad de mis veinte años, pueda ver este género con una mirada completamente reversionada. Colón, durante El Malo, es un latino malportado, joven y revoltoso, haciendo salsa en las calles de NYC e incomodando a la industria.
El Malo salió a finales de los años 60 y es uno de los mejores álbumes que jamás escuché en mi vida. Mi canción favorita es Skinny Papá.
En un mundo donde todo es bastante predecible, esta es una obra inusual pero hipnótica. Es imposible saber qué sucederá. Es exuberante, rico y pegadizo.
Tomar agua helada en el medio de la madrugada. Besar a alguien ebrio. Volar en avión en la madrugada. El olor a nafta en medio de la ruta. El olor a pasto húmedo del campo.
Adult Jazz logra coquetear descaradamente con lo alternativo y lo experimental de una manera refinada y acertada.
Si salir con un artista egocéntrico, pretencioso y complejo fuese un álbum, sería este. Mi canción favorita es Am Gone, y si tuviera que elegir un solo tema para escuchar este año en loop, sería sin dudas este.
The Strokes but gayer.
Es del chabón de la serie esta de Netflix: Stranger Things. Es un álbum interesante, suena muy bien y, extrañamente, es un no-skip. Está en mi lista porque se siente como una esperanza para mi generación de hacer música indie que esté a la altura de los millennials. Me da muchos flashbacks a Vampire Weekend.
DJO tiene potencial y estoy acá apostando temprano. El tiempo me dará o no la razón.
Mi pick de este álbum es Fly.
Es un álbum que no fue bien recibido por la crítica, pero como yo no soy crítico, acá lo vengo a traer. Permiso.
Siento que Tame Impala sentó una vara demasiado alta con su obra pasada. Este es, en mi opinión, un álbum fresco y simple, que no quiere decir que sea básico, pero es un álbum fácil.
Hay días que no necesito complejizar mucho lo que escucho: inmersivo, cómodo y sabroso. Va a estar sonando los días que voy presencial a la oficina y las noches en que la cita no sale mal y vuelvo en el Uber a casa.
Adele no volvió a hacer algo igual a 21, pero 25 y 30 son joyas que vale la pena tener en la colección.
Mi favorita: End of Summer. Militante de Tame Impala. Siguiente pregunta.
Daniel es probablemente una de las voces actuales más importantes del R&B.
Cuando estaba en el último año del secundario, Hanan, una amiga muy cool, me presentó Freudian de Daniel. A partir de ese momento, mi perspectiva sobre la música hizo un click por allá en 2018.
Este es el último álbum de estudio de Daniel y se siente como un laburo intimidantemente personal y bastante maduro.
Cada una de estas canciones son una experiencia espiritual que no sé si debería haber salido al público. Caesar recorre su búsqueda de la fe, la paternidad y su esencia en algo que yo denomino, sin ningún tipo de fundamento: un gospel lo-fi.
Este disco ha estado sonando muchas más veces de las que me di cuenta en mi departamento durante las mañanas. Es aterciopelado, afinado y muy bien engranado.
La participación de Yebba y Blood Orange en el tema Touching God fue muy acertada y ha terminado siendo ese que repito de vuelta.
Tengo un enorme respeto y amor por la música brasileña. Parte de mi historia y mi manera de amar está directamente atravesada por Brasil.
Estos meses me reencontré con Clube, el álbum más ambicioso de la historia de Brasil según Pitchfork, y el álbum que, según mi opinión desnuda y vulnerable, significa realmente ser brasileño.
No hay nada en la industria musical que haya sonado, suene o sonará parecido a esto.
Durante la dictadura militar brasileña en los 70 se componía una de las piezas más valiosas de la música latinoamericana. El miedo y la protesta pasan a ser no sólo un registro necesario para la memoria sino una pieza invaluable en la música latinoamericana. Escogí dos temas porque es casi imposible quedarme con uno: tudo o que vc quería ser y Um girassol da cor do seu cabelo.
Djavan es quizás el Stevie Wonder brasileño. Quizás por eso tienen un featuring en la canción Samurai.
Y es el tipo de producciones que me hacen replantearme haber elegido Marketing como una carrera y no la música. Luz es un álbum espacial, sofisticado y muy brasileño.
Yo he amado, pero no tanto como un brasileño, y de eso estoy seguro. Pero este álbum es capaz, quizás, de ser lo más cerca que estaré a esa experiencia cuasi religiosa.
Extrañamente atrapante. Pretencioso y pegadizo.
Una recomendación de un amigo que quiero mucho. No entiendo por qué, pero hace meses que esta tapa de álbum está en el homepage de mi Spotify y me encuentro repitiéndolo de la A a la Z.
Worth a listen.
Mi canción preferida: Latino Chrome.
Chelsea Hotel No. 2 es un cover unreleased de Lana del Rey que estuvo dando vueltas en internet durante años, y es también uno de los temas de New Skin for the Old Ceremony.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que Cohen fue una piedra fundamental en la identidad creativa de Lana.
Es una experiencia demipoteótica y cruda, en criollo algo que te deja pensando si realmente estás usando la capacidad neuronal con la que viniste al mundo. Acá la letra es estructural y la poesía pasa a ser el motor que hace a este álbum mi preferido de la lista. Cohen no solo es un cantante, es un escritor afilado. Parece ser que Cohen le canta no solo al desamor, sino a Dios, a la Luna, a las estrellas, al ego.
Ya no se producen cosas así y por algún extraño motivo el universo de esta producción me recuerda muchísimo a Shrek 1 y es esa la coincidencia que me hace posicionarlo como número uno hoy. Mi pick favorito de este álbum: Is This What You Wanted.
La selección anterior parece incoherente y muy probablemente ahí está el punto de inflexión, lo que une a estos diez álbumes es la densidad.
Todos tienen en común ser elementos negados a ser reducidos. Al fin del día la búsqueda musical, revela la necesidad imperiosa de habitar una vida un tanto más humana. Buscando música, terminé encontrando algo que se parece bastante a lo que extraño del mundo: cosas que no fueron hechas para ser consumidas rápido. Producciones que requieren tiempo, atención y, sobre todo, una cierta disposición a dejarse sorprender.
Tal vez, y solo tal vez, escuchar nuevas piezas sea simplemente eso: recuperar la posibilidad de descubrir algo sin que alguien haya decidido de antemano qué debería gustarnos. Escuchar por curiosidad e intención. Por deseo y no por conversión. Dejar que una canción nos encuentre antes de que el algoritmo nos diga que deberíamos haberla encontrado.
Repositorio de la recomendación
KOKOROKO EP — Kokoroko
El Malo — Willie Colón
Gist Is — Adult Jazz
The Crux — DJO
Deadbeat — Tame Impala
Son of Spergy — Daniel Caesar
Clube da Esquina — Milton Nascimento & Lô Borges
Luz — Djavan
An American Prayer — Jim Morrison
New Skin for the Old Ceremony — Leonard Cohen













